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Javier Mariscal

Javier Mariscal: “Trataba de hacer un perrito de lanas, pero lo fui esquilando y al final quedó aquel personaje”

Pau Agustí
Anaïs Viso

Javier Mariscal (Valencia, 1950) nos recibe en su estudio de Palo Alto, en Poblenou, en una soleada mañana de marzo. El creador del Cobi y Chico y Rita, entre otras obras, se sienta con nosotros en lo que parecen unos sofás de diseño, de formas irregulares y asimétricas, de colores discordantes. Nos ofrece un café, se pide uno para él y empezamos la entrevista.

Tus primeros encargos y trabajos profesionales los situamos en un contexto underground, a finales de los setenta, coincidiendo con La Movida. ¿Qué significó para ti La Movida?

Para mí no significó nada; no sé ni que es La Movida. Era joven, me pasaron una serie de cosas… La Movida se refiere a lo que pasaba en Madrid; yo, todos los setenta, los viví en Barcelona, inmerso en algo que, como tu has dicho, llamaban underground.

No era La Movida madrileña, pero se parecía…

Era el mismo rollo, los mismos amigos, las mismas cosas, los mismos gustos… que luego le llaman La Movida… bueno, tú lo vives, pero no estás pensando que estás haciendo La Movida.

Tu estilo es muy característico, como tu imagen de marca. Ya te hizo destacar por aquel entonces y ser alguien importante dentro del panorama underground barcelonés. ¿Cuándo empezaste a adoptar este estilo?

No tengo consciencia de esto. No creo que mi estilo sea tan reconocible… Ni yo a veces me reconozco; pero me encanta que la gente lo haga. Cuando adoptas un estilo u otro, no eres consciente, no lo sabes. Siempre he tratado de renovarme e innovar, evolucionar. Supongo que mi estilo es el resultado de esta evolución.

¿Aprendiste a dibujar solo o con la ayuda de un mentor o profesor?

Solo. Bueno, copiando mucho de tebeos y otras fuentes de ilustración; también del natural… Dejé que el lápiz vomitara solo.

Pasemos a la actualidad. ¿Cómo crees que la actual situación económica puede afectar a la creatividad de nuevos artistas e ilustradores?

La crisis afectará más a las facturas que a otra cosa, no afecta a la inspiración y a la creatividad. La situación económica se nota, ya no se tira la casa por la ventana, en muchos aspectos. Pero como he dicho, no creo que influya mucho sobre la creatividad e inspiración. Cuando yo no tenía un duro, compartía páginas con compañeros, tenías menos espacio y te pensabas más qué ibas a dibujar en aquella página.

¿Y las nuevas tecnologías e Internet? ¿Qué efectos pueden tener sobre el mundo del arte y la ilustración?

Lo que pasa con todo esto es que hay una inmediatez, y una información y cambio de ideas radical; imágenes que van de un lado a otro con una rapidez impresionante. Yo, de joven, si quería saber algo específico tenía que buscar un señor amigo de mi padre que tenía una Enciclopedia Británica o ir a la Biblioteca de Madrid si era algo muy específico; pedir permisos, ir a una embajada para que te dieran información, escribir una carta, ponerle el sello, ir al buzón, esperar la respuesta durante un mes, escribir a máquina, equivocarse y volver a repetirlo, buscar una fotocopiadora… en cambio, ahora cualquiera tiene acceso a una información más elitista, mucho más protegida y difícil de encontrar. En mi caso, por ejemplo, constantemente estoy haciendo cosas en una maquinita que es una tableta que no tiene cable, y aprietas y se lo envías a alguien que está en Chile. Y no cuesta nada, no esperas que venga un mensajero, se lo llevé a un camión, que lo lleve a un avión…

Adaptarse o morir. Y tú te has adaptado, tal y como nos has contado. Recientemente has inaugurado una exposición en Vinçon sobre dibujos con tu Tablet.

Sí. Piensas… ¡Qué bestia! Recuerdo la pereza que me daba ir a buscar un sello, poner una carta, cerrar el sobre, enviarlo… La generación de finales de los ochenta en adelante habéis nacido de un modo similar a como lo hicieron los hijos de los cazadores que empezaron a ser agricultores. O la generación que empezó con las primeras fundiciones de cobre; habéis nacido en la Edad de Piedra de los ordenadores. Alguien mayor se puede sentir intimidado, todo esto evoluciona muy rápido. Los ordenadores, por ejemplo, son cada vez más pequeños. ¡Ya pueden hacer diez sumas seguidas! ¡Ya no necesitan ventilador! O cuando nació Internet… ¡Una revolución total!

Hablas de las nuevas tecnologías como algo muy natural, pero hay mucha gente de tu generación que no se ha adaptado.

No hay nada de anormal en adaptarse a las nuevas tecnologías. Es como coger el autobús; ya no coges ni el tranvía ni el coche a caballos, porque ahora hay autobús. Cogía el autobús, llegué a Barcelona… ¡Y había metros! Coges lo que hay, una nueva herramienta. Nací cuando no había fotocopiadoras ni máquinas de escribir eléctricas. Los ordenadores son máquinas de escribir y fotocopiadoras juntas (y muchísimo más). Es como comprarse coches; ahora tienen aire acondicionado, dirección asistida… Generaciones nacidas a finales de los ochenta ya no saben lo que es ir toda la familia en coche (los Mariscal son once hermanos) en verano, a sesenta grados. Yo he estado en casa sin luz, o teniendo que ir al pozo a buscar agua. Y no tengo cien mil años; es que todo ha cambiado mucho. Y no es difícil adaptarse; haces click y tienes luz. Es más romántico con quinqué, pero yo prefiero las nuevas tecnologías, que ni son tan nuevas ni son tan tecnologías. Simplemente, gracias a Dios, nos hacen la vida más fácil.

Dejemos ya las nuevas tecnologías, volvamos a los setenta. Nació un nuevo tipo de cómic, la “Línea Clara”, inspirado en Tintín. ¿Te sentiste identificado con esta línea?

En el tebeo siempre han existido muchos tipos de historia, pero a alguien le dio por llamar la “Línea Clara”… Siempre puedes hacer generalidades y sintetizar, agrupando dibujantes que hacen un tipo de dibujo similar, dejándolo muy limpio. Luego hay otros tipo Crumb, mucho más barroco y que utiliza todo el rato las sombras, muchas más líneas, puntos para definir un personaje… Sí, se puede decir que el representante más evidente y el que sintetizó muy bien y llegó a clarificarlo, entre otros, es Hergé, el creador de Tintín. Incluso antes de Hergé hay bastantes tebeos que ya apuntaban a una síntesis entre línea clara y distinta…

A finales de los setenta empezaste a colaborar con la revista El Cairo. ¿Qué recuerdos tienes de aquella época?

Pues no tengo ningún recuerdo, porque fumaba tanta marihuana que no tengo memoria. No lo sé.

Pero sí recordaras cómo surgió el encargo del Cobi.

Nos invitaron a unos cuantos, no sé si a seis, ocho o diez, para presentar alguna idea para la mascota de los Juegos. Al principio me daba un poco de corte, era como muy oficial… Pero bueno, al final eligieron mi propuesta, era un concurso cerrado.

¿En qué te inspiraste?

Trataba de hacer un perrito de lanas, pero lo fui esquilando y al final quedó “aquel personaje”.

¿Qué puertas se te abrieron con la creación del Cobi?

La posibilidad muy potente de estar elaborando todo un discurso gráfico y una identidad gráfica de un acontecimiento deportivo mundial, con una difusión universal… Todo esto era una carga de trabajo, pero también de moral y de responsabilidad.

“Aquel personaje”, como lo llamas, ¿puede simbolizar toda la transformación que vivió Barcelona hace veinte años?

Sí, es un símbolo de cómo en los Juegos Olímpicos se renovó toda Barcelona; un símbolo de aquella época. Ese era su trabajo: representar todo eso, tener esa identidad.

Cambiando de tema, ¿cómo surgió la colaboración con Fernando Trueba?

Después de trabajar mucho tiempo en diferentes proyectos de discos y películas, decidimos empezar a hacer un largometraje de dibujos animados, sobre algo que nos gustaba mucho, que era la música latina, los cuarenta y cincuenta, poder trabajar con Bebo Valdés… De ahí surgió la idea. El guión lo hicieron Ignacio Martínez y Fernando Trueba.

¿Cómo te sentiste dirigiendo una película de dibujos animados?

Muy contento y muy bien; muy cómodo.

¿Qué impacto puede haber tenido Chico y Rita sobre tu vida personal y profesional?

Ha sido una época larga. He estado trabajando e investigando para encontrar un sistema gráfico que pueda definir este guión, estas historias, que es algo más realista de lo que normalmente hago. Aprendes mucho, porque estás estudiando una época, toda una estética y diseño, campañas de publicidad, el impacto de descubrimientos como el neón, nuevos plásticos, fluorescentes y toda la arquitectura de la época.

¿Una tentación a la hora de dibujar?

Es meterse en un mundo, tratar de entenderlo y estudiarlo, y sacarlo gráficamente.

¿Tiene más proyectos relacionados con el cine?

Sí, esperamos que salgan adelante. También en colaboración con Trueba.

¿Es un ámbito que quieres explotar y explorar un poco más?

Sí. Como ya he dicho, me gusta, me siento cómodo.

Comienza a aumentar la oferta de animación cinematográfica para adultos, ¿Cómo ves eso?

Es un mercado que todavía está por hacer. Vivimos en un mundo donde todo tiene que estar en cajones, y este cajón aún no existe. Hay que insistir mucho y tratar que haya más gente dispuesta a arriesgar y a intentar hacer dibujos animados para adultos.

¿Te gusta el cambio que ha sufrido la animación en los últimos diez años?

Todo está muy digitalizado. Y gracias a eso, en los últimos años se han hecho maravillosas películas de dibujos animados. Da igual si son en 3D, 2D o 5D… ¡Da igual! Son muy buenas películas.

Ya para acabar, ¿en qué proyecto estás trabajando actualmente?

Pues… es que no os lo puedo contar.

¿Ni insinuar?

Bueno, son de arquitectura y diseño.

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